A lo largo de la historia se ha podido comprobar que las innovaciones impulsadas por las administraciones educativas, avaladas por la ciencia y aplicadas a nivel general en todas las instituciones escolares y que se centran en el cambio de contenidos y de las estrategias metodológicas, incluyendo el uso de nuevos recursos didácticos, la mayoría de las veces tienen poco éxito. Entre otras razones, quizás una de las más fundamentales sea que no se cuenta con los intereses y necesidades de cada escuela ni de los profesores como técnico sumiso. Estos resultados han llevado a un cambio en la consideración misma de la innovación. Se ve la necesidad del dialogo escuela-sociedad, de tener en cuenta el contexto de innovación de cada escuela, de actuar democráticamente, es decir, con la participación y la colaboración de la sociedad.

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